humana

Este escrito lo haré en español.

Esta mañana ha sido fiesta en Catalunya, nuestra Diada. Pero no por ser fiesta nos hemos levantado más tarde. Yo lo he hecho a las ocho y he ido a casa de mis padres. No saben la ilusión que es entrar por la puerta y ver un hermano y unos padres corriendo para prepararse para un día histórico. Banderas, camisetas, zapatos y pantalones cómodo, unos bocadillos y algo de agua, porque el día se avecinaba largo. De momento no aparece Mas en ningún sitio.

La emoción de llegar a un pueblo del sur de la costa catalana y bailar sardanas en la plaza mayor, dónde una  cobla interpretaba sardanas. Y que una mujer mayor te agradezca que sepas contar los pasos porque ellos ya no se acuerdan, y así pueden completar un baile entero. No aparece Mas.

El bello de los brazos se te pone de punta cuando llegas a los tramos de la Vía Catalana. Todo el mundo contento, alegre, sonriendo, con sus camisetas amarillas, y con símbolos de la libertad catalana, nuestra querida estelada. Más de punta se te ponen cuando la multitud inunda el horizonte, en un tramo que pasa por medio de un maldito polígono industrial. Y ni así se han echado para atrás. Allí, levantados, uno al lado del otro. Mayores con niños cogidos de la mano. Dos personas cada metro. Y ni rastro de Mas.

Y ni rastro porque esto no lo ha organizado Mas. Ni rastro porque él se limita a contemplarnos. ¿A quién? A una sociedad civil que se ha organizado. Sin política. Paralelo a la política. Nuestra única intención es la independencia, crear un nuevo estado. Dentro o fuera de Europa, nos da igual. Nada de adoctrinamiento, nada de Mas. No. Eso viene de una gente anónima y que ya no podrán parar. Y ya no queremos una mejora de la balanza fiscal. Ya no. Ahora lo queremos todo. Entiendan de una vez que eso es un movimiento de la sociedad civil.

Hace diez años fui con un buen amigo a Barcelona, por la Diada, con nuestras esteladas colgadas del cuello y con un grito claro. No éramos ni cincuenta mil. En Barcelona. La gente nos miraba con caras rancias y se preguntaban qué hacíamos allí dos chicos de pueblo que apenas llegaban a la mayoría de edad. Pasó ocho años y el tribunal truncó el nuevo Estatut. Allí se organizó la primera gran revolución, un diez de julio de 2010. Llenamos Barcelona un millón de personas con un grito claro “Somos una nación. Nosotros decidimos”. Hice fotos de aquel día, y abundaban las senyeras, eran mayoría. Hoy, por la Diada del 2013 no había ni una. Todas eran esteladas, senyeras aliñadas con el símbolo de la libertad, nuestra libertad. Dicen que hemos sido un millón seiscientas mil personas.

En diez años una minoría se ha convertido en mayoría. Quiero pensar que fuimos un granito de arena los que por aquél entonces seguimos perseverando, a pesar de las críticas de compañeros, a pesar de la indiferencia. Hoy la crítica y la indiferencia se ha convertido en un solo grito.

Ahora ya somos imparables, España.

 

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Imatge de capçalera de La Vanguardia.com

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